Macri y su Bicentenario: La ciudad de la furia

Formidables guerreros en jeeps

los titanes del orden viril

¿Qué botines esperan ganar?

si nunca un perro mira al cielo…

Nuestro amo juega al esclavo”, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.


Arranca Mayo y los debates sobre el Bicentenario y sus implicancias políticas se ponen a la orden del día en los países de Nuestra América. La discusión sobre la autodeterminación de nuestros pueblos y su lucha por una verdadera independencia será uno de los ejes que atravesará dichas jornadas, tanto a nivel nacional como en la Ciudad de Buenos Aires en particular.

Esa discusión, no obstante, brilla por su ausencia en los actos y conmemoraciones oficiales. En ese sentido resulta interesante ver los festejos que el Gobierno de la Ciudad le propone a los “vecinos”: “el Faro del Bicentenario”, “el paseo de Grandes Veleros 2010”, “la cápsula del tiempo para el tricentenario”, y siguen… Es preocupante que a tanta –frívola– evocación a estos dos siglos de historia haya tanto desprecio por el presente. La situación de la Ciudad es hoy un emblema de este desprecio, y mientras el macrismo elige callar sobre los grandes problemas que habitan este suelo, nosotros y nosotras nos proponemos enfrentarlos.

La orientación neoliberal en términos de educación y salud; la depreciación presupuestaria en torno a las problemáticas del trabajo y la cultura; la ausencia de tratamiento respecto a la temática de la vivienda, son tan sólo algunas aristas de un todo que significa mayor exclusión para los pobres de nuestra Ciudad.

Pero no es sólo esto. Si la marginación se impone desde arriba, la represión se vuelve moneda corriente. El intento de reforma del Código Contravencional, presentado recientemente por el macrismo en la legislatura porteña, constituye un avance de las fuerzas mas retrógradas de la sociedad en torno a la problemática del trabajo informal: con ello se intenta perseguir a los “trapitos”, vendedores ambulantes, y todos aquellos que pretendan sobrevivir en la gran jungla. La idea de “limpiar” la Ciudad es parte del mismo esquema montado inicialmente por la UCEP: barrer a los pobres para seguir fomentando un paraíso de negocios inmobiliarios y comerciales.

El gobierno de Macri avanza en el recorte de nuestros derechos más elementales, mientras favorece a las empresas privadas como a las corporaciones de la construcción, las escuelas y universidades privadas o las recolectoras de residuos, entre otras. Todo esto es parte de un modelo de ciudad determinado: no habrá un “Bicentenario Porteño” que problematice el proyecto elitista de educación y salud que representa el gobierno del PRO ni que discuta la necesidad de espacio público para estas amplias mayorías populares, hoy expulsadas de la urbe. Sí habrá, sin embargo, palos, persecución y contravenciones para todos aquellos que asomemos la nariz para expresarnos frente a las políticas antipopulares del macrismo.

Y si queda alguna duda, el accionar de la “reciente” Policía Metropolitana (compuesta en un 75% por efectivos procedentes de instituciones podridas y tristemente célebres como la Federal, la Bonaerense y las FFAA) y sus picanas eléctricas -con descargas de alto voltaje sobre la victima sin dejar marca alguna- nos hacen recordar lo peor de nuestra historia reciente. Es de destacar, en este sentido, la complicidad de los legisladores K para que esta fuerza haya visto la luz, así como el voto afirmativo de los legisladores de la UCR y la Coalición Cívica. Ellos forman parte también, y cada uno a su medida, de otro intento de festejo del Bicentenario que implique mayor sometimiento y dependencia.

En una entrevista concedida al diario La Nación hace poco más de un año y medio, Gabriela Michetti sorprendió al afirmar que “el Bicentenario es una oportunidad para preguntarnos qué revolución nos toca hacer a nosotros en 2010”. Curiosamente, no podríamos estar más de acuerdo. La respuesta que podamos dar, no obstante, dista de la que puede dar el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Es que a 200 años de la Revolución de Mayo, desde la Juventud Rebelde 20 de Diciembre, seguimos redoblando la apuesta por un modelo de Ciudad distinto, que cuente con la verdadera expresión de los trabajadores de la salud y la educación, estudiantes, y artistas; que contemple las necesidades de la juventud y las mayorías populares. Que pueda dar cuenta, en síntesis, de las múltiples voces que fueron invisibilizadas por el neoliberalismo y su ideario de “ciudad vidriera”.


Sobre Macri, los trapitos, y otras yerbas…

Hace días, el Jefe de Gobierno Porteño, Mauricio Macri, presento en la legislatura un proyecto de modificación del Código Contravenciónal de la Ciudad de Buenos Aires.
Entendemos que como habitantes de la ciudad, y mas como estudiantes de Derecho, debemos darnos un debate acerca de las particularidades de este proyecto.
Queremos compartir con ustedes nuestra postura al respecto.

Debemos empezar por considerar que el Derecho Contravencional NO es Derecho Penal. Lo dictan las legislaturas provinciales por considerarse que, en lugar de pequeños delitos, se trata de faltas que están más vinculadas a las costumbres de cada localidad. Sin embargo TODAS las garantías que provee el Derecho Penal necesariamente deben ser respetadas para evitar la distorsión de su aplicación. A pesar de esto, hoy se utilizan las contravenciones para ejercer un poder de policía y de control social. Se amplían las facultades legitimas, con su consecuente distorsión, de la fuerza pública para intervenir y aplicar sanciones a quienes no son alcanzados por el derecho penal de fondo.

La criminalización de la pobreza es histórica en nuestro país y siempre se encuentran los mismos intereses detrás: el país de algunos pocos. Lo que cambia es el discurso legitimador de la política. En este caso es “la protección del espacio publico” al que hace constante alusión Macri.

¿Pero acaso ese espacio publico no es de todos?, o ¿es que se busca con cierta selectividad, una pequeña clase de gente que pueda disfrutar de el?

Macri claramente traza una línea divisoria, una distinción entre el “ciudadano” y el “cuidacoches”. Al decir que uno amedrenta al otro se deja sentado que el “cuidacoches” no es ciudadano. El espacio público por supuesto, es del ciudadano. Respecto del otro, el Jefe de Gobierno es locuaz cuando hace alusión a su proyecto: “Estas personas, merecen ser castigadas con mayor dureza”.

Las personas de las que habla, trapitos y limpiavidrios entre otras, son personas que la misma política de exclusión sentencia a trabajar en la calle, en ese espacio público que le usurpan al verdadero ciudadano macrista, con hambre y en condiciones de indignidad. Nadie puede pensar que ellos son mafiosos que se reparten las inconmensurables riquezas en cambio que genera la limpieza de vidrios.

En cambio, cualquiera que piense dos segundos se da cuenta que aquí la mafia fue, es y será la Policía. Ahora tenemos una nueva fuerza compuesta de ex policías apartados de sus funciones por las turbiedades que acumulaban. Este proyecto solo les aumentará las coimas victimizando a quienes son más vulnerables.

En este proyecto se plasma una política manifiestamente represiva, que prohíbe comportamientos inocuos como la portación de ganzúas, fierros, bastones, vulnerando principios y garantías fundamentales que son reconocidos en la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, la Constitución Nacional, y Tratados de DD.HH.

Es un proyecto de mano dura, sustentado en el aumento de las sanciones. Aplica la privación de la libertad, que se caracteriza por ser una sanción que se aplica como último recurso, por el perjuicio que le causa a la persona que la padece. El principio de retribución (proporción entre el daño y la sanción), que no es nunca justificación de la pena, pero debe servirle siempre como límite es burdamente avasallado. Un código de faltas no puede establecer penas más graves que las mínimas aplicables por el Código Penal (siempre que se trate del mismo tipo de pena), por lo cual ninguna contravención puede ser sancionada con prisión superior al mínimo de 15 días previsto en el código penal, cuestión que es reiteradamente incumplida en el proyecto de reforma presentado.

Se pretende sancionar, no solo a los trapitos y limpiavidrios, sino en su art.8 modificatorio del art 85, establece … “ Personas que porten ganzúas, herramientas, palos, cadenas, bastones u objetos contundentes aptos para ejercer violencia física”.

Esta norma vaga viola palmariamente el principio de legalidad, tipificando comportamientos inocuos, o que ni siquiera configuran actos preparatorios ni conductas pre-delictuales. Habilita la aplicación de poder punitivo a gusto y piacere, con una clara selectividad hacia la criminalización de los sectores más pobres de la sociedad.

En la práctica, estas figuras, otorgan a la policía la facultad de actuar manejándose en la órbita del derecho penal de autor. La incorporación de una presunción de sospecha delictiva que autorice la intervención policial por un supuesto estado de peligrosidad, contradice a lo establecido en el Constitución de la Ciudad en su Art. 13 Inc. 9 … “ que no puede establecerse en el futuro ninguna norma que implique, expresa o tácitamente, peligrosidad sin delito, cualquier manifestación de derecho penal de autor o sanción a acciones que no afecten derechos individuales ni colectivos”.

Por último creemos que la reforma a este Código es totalmente innecesaria. Las conductas que realmente son peligrosas, como sería una coerción por la entrega de dinero de parte de un “cuidacoches”, esta debidamente tipificada en el Código Penal. Entendemos que un sistema de resolución de conflictos locales, como lo es el derecho contravencional, debería caracterizarse por privilegiar soluciones reparatorias, con la aplicación de políticas de inclusión social, por sobre respuestas punitivas y de corte represivo como las que propone Macri a través de este proyecto.

La reforma esta muy bien alineada con la política de exclusión de Mauricio Macri. Menos educación, menos salarios, menos trabajo; más represión, más policía, más cárceles. Contra esto, ayer, hoy, mañana y siempre, nos organizamos.

Por eso te invitamos a la movilización que la Coordinadora de Lucha en la Ciudad “La Dignidad no se Privatiza” realizará el próximo viernes 23 de abril a las 17hs. desde el Obelisco hasta Plaza de Mayo en rechazo al proyecto de Macri de reformar el Código Contravencional.