A raíz de los asesinatos en el Parque Indoamericano a manos de la policía

Una mirada entre Figueroa Alcorta y Villa Soldati

Como tantas otras veces, escribimos desde la indignación. Esa que fue provocada por el asesinato de compañeros a manos de la policía, en el marco de un violento desalojo llevado a cabo el día 7/12 en el barrio porteño de Villa Soldati.
No pasó mucho tiempo de los sucesos para que desde los principales medios de comunicación, empiecen a fogonearse ideas de que “estos ‘intrusos’ están violando la ley, por lo que está bien el proceder policial”, o “no fue la policía”, o que hubo un “enfrentamiento”, haciéndonos recordar a Junio de 2002 y a la triste tapa de Clarín de “la crisis causó 2 nuevas muertes” cuando mataron a Maxi y Darío en medio de una violentísima y planificada represión.

Es en este tema de “la ley” que nos gustaría detenernos. Sin lugar a dudas consideramos que no es desde el Derecho (en su acepción objetiva, entendida como orden jurídico), que van a partir las transformaciones sociales que creemos imprescindibles. Incluso este generalmente se opone a las banderas que levantamos.
Esto sin embargo no quiere decir que debamos “regalar” toda discusión relativa al Derecho.

En este sentido, quisiéramos referirnos a esta supuesta “verdad” que repiten incansablemente desde las tribunas televisivas tanto periodistas como funcionarios, que justifican la brutal represión diciendo que estos “okupas” están ocupando el espacio público, por lo que violan los derechos de todos los “vecinos”. Entonces se justifica y hasta es correcto ordenar un desalojo donde hay cientos de familias, sin realizar el censo previo, realizar el operativo por la noche, cuando esto esta prohibido, y hacerlo a balazos de plomo, asesinando e hiriendo.
Raro – o no tanto- es que ninguno de estos personajes mencione el Derecho que tienen estas personas, del que todos teóricamente gozamos, a una vivienda digna, tanto por el Art. 14bis de nuestra Constitución Nacional, como por el Art. 31 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, o el derecho a la vida de las dos personas asesinadas.

¿Cómo van a disparar  con balas de plomo donde hay familias? ¿Como podemos, como sociedad, permitir eso? En nombre del espacio publico, de esos pastizales que se dice son de todos, en nombre de todos ¿como vamos a permitir que disparen sobre familias con balas de plomo?
Los mal erigidos paladines defensores de la seguridad jurídica y de la institucionalidad, dejan al descubierto la defensa descarada de sus intereses que son, por definición, opuestos a los del pueblo. Pueblo que vive hacinado en villas, que vive en una tremenda emergencia habitacional generada por el mínimo presupuesto que, encima, es sub-ejecutado por el gobierno macrista. Vale la pena repetirlo: la gente vive hacinada y en emergencia habitacional y Macri sub-ejecuta – de manera escandalosa – el presupuesto destinado a construcción de viviendas para quienes las necesitan en la ciudad.

Frente a esto nosotros como estudiantes tenemos una doble responsabilidad:

En primer lugar, algo que no es nuevo, organizarnos para salir a enfrentar estas y todas las injusticias poniendo así nuevamente de pie un movimiento estudiantil, que a lo largo de nuestra historia ha tenido un rol protagónico en muchas de las luchas más importantes de nuestro país y que ahora aporte desde su lugar para la transformación radical de nuestra sociedad.

En segundo lugar, creemos que debemos salir a disputar en esa imposición del discurso que mencionábamos más arriba. Como estudiantes de abogacía, y como jóvenes, no podemos permitir que nos sigan mintiendo con una interpretación de las leyes que no resiste ni el más superficial de los análisis antes de caerse y dejar al descubierto su nefasta intencionalidad. Pese a que sería importante, para hacer esto no es indispensable tener acceso a los medios de comunicación, sino que podemos “empezar por casa”. Tenemos que dar la discusión en las aulas, con nuestros amigos, con nuestros conocidos, con la gente que piensa como nosotros y con la que no. En nuestras casas, en nuestros trabajos, con nuestros profesores, en todos lados.
Tenemos que salir a enfrentar a aquellos que dicen que el problema son los inmigrantes, o que los que toman las tierras son mafiosos, porque lo decimos desde Figueroa Alcorta pero también desde Villa Soldati, ya que acompañamos a estos compañeros en sus reclamos y vimos con nuestros propios ojos que no se trata de mafias, sino de cientos de familias que son marginadas de una sociedad expulsiva y quieren pintárnoslos como la razón del problema o directamente como delincuentes.
Transformemos esa indignación en acción y salgamos a luchar para “que se acabe esa costumbre de matar”.

A raíz de los asesinatos en el Parque Indoamericano a manos de la policía

Una mirada entre Figueroa Alcorta y Villa Soldati

Como tantas otras veces, escribimos desde la indignación. Esa que fue provocada por el asesinato de compañeros a manos de la policía, en el marco de un violento desalojo llevado a cabo el día 7/12 en el barrio porteño de Villa Soldati.
No pasó mucho tiempo de los sucesos para que desde los principales medios de comunicación, empiecen a fogonearse ideas de que “estos ‘intrusos’ están violando la ley, por lo que está bien el proceder policial”, o “no fue la policía”, o que hubo un “enfrentamiento”, haciéndonos recordar a Junio de 2002 y a la triste tapa de Clarín de “la crisis causó 2 nuevas muertes” cuando mataron a Maxi y Darío en medio de una violentísima y planificada represión.


Es en este tema de “la ley” que nos gustaría detenernos. Sin lugar a dudas consideramos que no es desde el Derecho (en su acepción objetiva, entendida como orden jurídico), que van a partir las transformaciones sociales que creemos imprescindibles. Incluso este generalmente se opone a las banderas que levantamos.
Esto sin embargo no quiere decir que debamos “regalar” toda discusión relativa al Derecho.

En este sentido, quisiéramos referirnos a esta supuesta “verdad” que repiten incansablemente desde las tribunas televisivas tanto periodistas como funcionarios, que justifican la brutal represión diciendo que estos “okupas” están ocupando el espacio público, por lo que violan los derechos de todos los “vecinos”. Entonces se justifica y hasta es correcto ordenar un desalojo donde hay cientos de familias, sin realizar el censo previo, realizar el operativo por la noche, cuando esto esta prohibido, y hacerlo a balazos de plomo, asesinando e hiriendo.
Raro – o no tanto- es que ninguno de estos personajes mencione el Derecho que tienen estas personas, del que todos teóricamente gozamos, a una vivienda digna, tanto por el Art. 14bis de nuestra Constitución Nacional, como por el Art. 31 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, o el derecho a la vida de las dos personas asesinadas.

¿Cómo van a disparar  con balas de plomo donde hay familias? ¿Como podemos, como sociedad, permitir eso? En nombre del espacio publico, de esos pastizales que se dice son de todos, en nombre de todos ¿como vamos a permitir que disparen sobre familias con balas de plomo?
Los mal erigidos paladines defensores de la seguridad jurídica y de la institucionalidad, dejan al descubierto la defensa descarada de sus intereses que son, por definición, opuestos a los del pueblo. Pueblo que vive hacinado en villas, que vive en una tremenda emergencia habitacional generada por el mínimo presupuesto que, encima, es sub-ejecutado por el gobierno macrista. Vale la pena repetirlo: la gente vive hacinada y en emergencia habitacional y Macri sub-ejecuta – de manera escandalosa – el presupuesto destinado a construcción de viviendas para quienes las necesitan en la ciudad.

Frente a esto nosotros como estudiantes tenemos una doble responsabilidad:

En primer lugar, algo que no es nuevo, organizarnos para salir a enfrentar estas y todas las injusticias poniendo así nuevamente de pie un movimiento estudiantil, que a lo largo de nuestra historia ha tenido un rol protagónico en muchas de las luchas más importantes de nuestro país y que ahora aporte desde su lugar para la transformación radical de nuestra sociedad.


En segundo lugar, creemos que debemos salir a disputar en esa imposición del discurso que mencionábamos más arriba. Como estudiantes de abogacía, y como jóvenes, no podemos permitir que nos sigan mintiendo con una interpretación de las leyes que no resiste ni el más superficial de los análisis antes de caerse y dejar al descubierto su nefasta intencionalidad. Pese a que sería importante, para hacer esto no es indispensable tener acceso a los medios de comunicación, sino que podemos “empezar por casa”. Tenemos que dar la discusión en las aulas, con nuestros amigos, con nuestros conocidos, con la gente que piensa como nosotros y con la que no. En nuestras casas, en nuestros trabajos, con nuestros profesores, en todos lados.
Tenemos que salir a enfrentar a aquellos que dicen que el problema son los inmigrantes, o que los que toman las tierras son mafiosos, porque lo decimos desde Figueroa Alcorta pero también desde Villa Soldati, ya que acompañamos a estos compañeros en sus reclamos y vimos con nuestros propios ojos que no se trata de mafias, sino de cientos de familias que son marginadas de una sociedad expulsiva y quieren pintárnoslos como la razón del problema o directamente como delincuentes.
Transformemos esa indignación en acción y salgamos a luchar para “que se acabe esa costumbre de matar”.

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